Precauciones en la selección de personal


Aunque algunas veces triunfar en una empresa parezca depender de la suerte, lo cierto es que cuando un buen directivo selecciona a una persona joven, ha influido otra serie de factores aparte de la suerte. Los directivos a los que acompaña el éxito no escogen a sus subordinados al azar o jugándoselo a cara y cruz. Ponen mucho cuidado en seleccionar exclusivamente a aquellos que «saben» que van a triunfar. Alfred Oberlander, director del distrito de Rockaway de la Metropolitan Life Insurance Company, insistía en estos términos: «Toda persona que comienza a trabajar con nosotros está destinada a ser un agente de seguros de vida destacado, de otro modo, no le habríamos invitado a formar parte de nuestro equipo.»

Si a un buen directivo se le presiona para que explique cómo se las arregla para «saber» si una persona va a triunfar, normalmente nos contestará algo así: «Las cualidades son intangibles, pero yo las reconozco cuando las veo.» Al buen directivo le resulta difícil ser más explícito, ya que el proceso de selección que sigue es intuitivo y está basado en una comprensión interpersonal que no es fácil de describir. La clave está, según parece, en que es capaz de identificar a aquellos subordinados con los que va a poder trabajar de una manera eficaz (porque cree que son compatibles con él o porque sus químicas son parecidas). Por supuesto, se equivoca a veces.

Pero les cuesta mucho «perder la esperanza» en un subordinado porque eso significa «perderla» en ellos mismos, en su capacidad y en sus dotes como seleccionador, formador y motivador de personas. Los directivos menos eficaces seleccionan a sus subordinados de una forma mucho más rápida y los abandonan con una facilidad mucho mayor, ya que piensan que la incompetencia es de los subordinados y no suya.

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Categoría: Dirigir personas en la empresa.





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