La empresa fragmentada: baja sociabilidad, baja solidaridad


Pocos directivos se presentarían voluntarios para trabajar en una empresa fragmentada o, lo que puede ser más duro aún, para dirigirla. Pero al igual que los países corroídos por las disensiones, los vecindarios poco amigables y las familias sin armonía, esas comunidades forman parte de la vida real. ¿Cuál es su principal característica en un entorno empresarial?

Posiblemente, lo más perceptible sea el poco nivel de consciencia de ser miembro de la empresa, que se observa en los empleados de empresas fragmentas. A menudo, los empleados consideran que trabajan para ellos mismos o se identifican con otros grupos de trabajo, normalmente con asociaciones profesionales. Por ejemplo, si a un médico que trabaja en un importante hospital universitario donde predomina esa clase de cultura le preguntan en una fiesta a qué se dedica, posiblemente responderá diciendo: «Soy cirujano», sin mencionar para nada la institución para la que trabaja.

Del mismo modo, la empresa que tiene esa clase de cultura rara vez organiza campeonatos de béisbol —¿a quién le gustaría vestir una camiseta que lleva el nombre de la empresa?— y los empleados no participan en ninguno de los ritos y ceremonias extralaborales que caracterizan a las culturas de alta sociabilidad, por considerarlas una pérdida de tiempo.

Esta falta de interrelación afectiva alcanza también a la propia conducta en el trabajo. Los empleados trabajan con la puerta cerrada o, muchas veces, en casa, acudiendo a la oficina sólo para recoger la correspondencia o efectuar llamadas a larga distancia. A menudo mantienen en secreto sus proyectos y los progresos realizados, y sólo ofrecen información a sus compañeros de trabajo cuando se les exige categóricamente. En casos extremos, los miembros de la empresa fragmentada tienen tan bajos niveles de sociabilidad, que intentan sabotear el trabajo de sus «colegas» mediante comentarios, rumores o críticas directas expuestas ante las más altas instancias de la empresa.

Esta cultura presenta también niveles bajos de solidaridad: sus miembros rara vez llegan a un acuerdo sobre los objetivos de la empresa, los factores fundamentales para el éxito, o los criterios de medida del rendimiento. Por tanto, no debe sorprender que ese gran nivel de disensión respecto a los objetivos estratégicos a menudo, cree dificultades para establecer una dirección de arriba a abajo en estas empresas. Los líderes se sienten aislados y redactan sus informes de un modo rutinario, con la sensación de no poder tomar ninguna medida para intentar cambiar las cosas. Sus advertencias caen en oídos sordos.

El bajo nivel de sociabilidad implica también una actitud: cada empleado aportará su esfuerzo personal, sólo después de haber calculado cuidadosamente lo que va a recibir a cambio. Por ejemplo, pocos son los que acuden a las fiestas de jubilación. De hecho, es muy improbable que se celebre un acto social, si la asistencia es de carácter discrecional.

Nos damos cuenta de que da la impresión de que la empresa fragmentada debe ser un lugar de trabajo maldito o, al menos, atractivo sólo para los eremitas o los misántropos del mundo de la empresa. Pero existen situaciones que invitan a este tipo de cultura, e incluso, se benefician de ella; esta clase de entorno resulta muy atrayente para personas que prefieren trabajar solas o mantener una clara línea de separación entre el trabajo y la vida privada.

En nuestras investigaciones hemos observado a empresas fragmentadas que funcionaban muy bien en diversos aspectos. En primer lugar, esta cultura funciona bien en plantas de fabricación que se basan principalmente en la subcontratación a destajo. Segundo, esta clase de cultura puede dar buenos resultados en empresas de profesionales, tales como gabinetes jurídicos o de consultoría, en los que los miembros poseen una gran formación y experiencia, y tienen un estilo de trabajo muy personalizado. Tercero, la cultura fragmentada suele presentarse mucho en empresas que se han hecho virtuales: los empleados trabajan en la carretera o en casa, y pasan informes ala sede central principalmente por medios electrónicos.

Desde luego, la empresa fragmentada a veces es reflejo de disfunciones en una comunidad, en la que los lazos de sociabilidad y solidaridad han quedado destrozados debido a políticas de organización, reducciones de plantillas, u otras formas de desbaratamiento. En esos casos, los viejos lazos de amistad y lealtad han sido sustituidos por una imperiosa preocupación por la supervivencia individual, lo que consigue desencadenar una guerra de todos contra todos.

Sin embargo, dejando a un lado esta última situación tan aciaga, una cultura fragmentada puede resultar apropiada en las siguientes condiciones:

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Dirigir personas en la empresa.





Deja un comentario