Gestionar estratégicamente


Muchos directivos sienten cierto desprecio por la estrategia y la planificación estratégica, pues consideran que son demasiado teó­ricas para ponerlas en práctica. Las compañías exitosas, sin embar­go, se benefician de una estrategia eficaz. La estrategia podría haberse desarrollado a partir de un análisis formal, de mecanismos de ensayo y error, de la intuición, o simplemente por casualidad.

Independientemente de su origen, la estrategia se ejecutó, ya sean conscientes o no los directivos.

Si una empresa tiene una estrategia excelente y hace una ejecución eficaz de la misma, lo más probable es que todo le vaya bien. Sin embargo, si una compañía tiene una estrategia mediocre, es muy probable que, a la larga, acabe fracasando. Pero ¿qué ocurre si a una empresa se le da muy bien diseñar o implementar estrategias pero no ambas cosas a la vez?

Sabemos que algunas empresas tienen estrategias excepcio­nales y que les va bien a pesar de tener unas operaciones me­diocres. Para otras, por muy bien que hagan o distribuyan su producto, nadie lo quiere.

Una magnífica ejecucción no es suficiente para compensar una estrategia mediocre. Contar con una estrategia eficaz, sin embargo, no tiene por qué ser más importante que hacer una ejecución eficaz de la misma.Al final, no hay más remedio que reconocer que una compañía necesita las dos cosas para alcanzar el éxito.

La estrategia es un concepto a largo plazo y, muy importante, tiene que ver con el cambio. El líder de una empresa, para tener un futuro próspero, debe considerar lo que se puede encontrar en el camino, conocer los factores y fuerzas que pueden impulsar el cambio así como su impacto probable en la empresa. Los directivos tienen que decidir qué medidas deben tomar ahora para prepararse para lo que esperan y desean conseguir en el futuro.

La táctica, por el contrario, está relacionada con el presente. La táctica supone tomar medidas para ejecutar la estrategia, cómo satisfacer la demanda, las necesidades y deseos de los consumidores, mejorar la eficiencia, y controlar los costos y la calidad para obtener un beneficio y cumplir otros objetivos a corto plazo.

Las pruebas que indican la efectividad de las estrategias y operaciones de una empresa incluyen la rentabilidad actual y las tendencias positivas. La dirección se tiene que cuestionar continuamente si sus estrategias actuales seguirán siendo efectivas en el futuro. Aunque algunas estrategias duran mucho tiempo, las realmente exitosas no duran eternamente. Los entornos evolucionan, la competencia se intensifica y los requerimientos de capacidad del liderazgo cambian. Las estrategias se deben transformar para responder a todo esto.

Para beneficiarse de utilizar el proceso de gestión estratégica para desarrollar e implementar estrategias es necesario:

«Toda actividad debe empezar con una visión, una meta o finalidad y unos propósitos y objetivos. Sin una estrategia eficaz, es poco probable que estos
sueños se hagan realidad.»

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Categoría: Plan de Negocio.





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