Analícese usted y a sus empleados


Los directivos no tienen que ser estudiantes de psicología —la mayoría tampoco sienten la menor inclinación por ello—. Sin embargo, es muy instructivo comprender que la gente, incluido usted, se comporta así no tanto porque quiere, sino porque es así. Básicamente, todo el mundo ve y reacciona ante las cosas y juzga y decide de forma muy diferente. Incluso sin comprender del todo bien los diferentes tipos de personalidad, solo la conciencia de que las personas son sorprendentemente distintas le ayudará a aceptar personalidades diferentes como normales, y no verlas como algo equivocado.

Entre las decisiones importantes que los directivos toman por sus empleados o por sí mismos se cuentan cuándo y cuánta responsabilidad administrativa es apropiada. Hasta aquí se ha asumido que todo individuo normal está interesado en un ascenso a un puesto de mayor responsabilidad o en una mejora en la efectividad de la cantidad y calidad de sus logros. Cualquiera de ellos debe

redundar en una mejora de la satisfacción y compensación económica derivadas del trabajo. En cuanto al ascenso, se suele dar por sentado que una mayor responsabilidad ejecutiva y administrativa es una forma apropiada y atrayente de recompensar la calidad en cualquier tipo de trabajo. Debe haber otras formas de recompensar el excelente rendimiento de un empleado, ya que esas recompensas pueden ser un error desde cualquiera de estos puntos de vista:

  1. Las personas se sorprenden a veces al encontrarse con que son mucho menos felices de lo que pensaban en un nuevo puesto de mayor nivel. No es raro que un directivo descubra, para su sorpresa, que en cuanto se le encarga dirigir a otros, deja de tener tiempo para hacer el trabajo que le gusta.
  2. Un buen empleado no siempre será un buen directivo. Muchos empleados de primera han sido ascendidos a puestos administrativos en detrimento de su empleador y de ellos mismos.Todo esto debe ser considerado cuidadosamente por la persona amenazada con el ascenso y por la persona que vaya a disponer de este. Sin embargo, no siempre es fácil decidir antes si usted, o el empleado en cuestión, sería más feliz y más efectivo como directivo o como simple trabajador. No existe un criterio infalible, pero encontrará que, por lo general, los dos tipos se diferencian por las características y cualidades de la siguiente tabla.

Directivo:

Especialista:

Aunque nadie encaja perfectamente en una columna u otra, la mayoría de los empleados tienen las cualidades de la columna del especialista. Esto es especialmente cierto para aquellos que están comenzando su carrera, ya que las dotes directivas suelen madurar con el tiempo. Pero cuidado, no hará justicia a aquellos que usted piensa que encajan en este estereotipo solo porque son jóvenes. Toda persona es una combinación única. Es más, ninguna característica debe considerarse mejor o peor que su homóloga, ya que todas son diferentes entre sí.

En realidad, nadie que cuente con una buena carrera profesional puede evitar ambas áreas. Todas son partes necesarias en una descripción de un puesto de trabajo, y cierta cantidad de gestión de proyectos y de supervisión resulta satisfactoria para todos los empleados, salvo los más estrechos de miras. Es más, con el tiempo, mucha gente ve cómo cambia su interés por la gestión, a menudo aumentando a medida que avanza su carrera.

Aunque ciertos tipos de personalidad estén más predispuestos a convertirse en directivos, y algunas características de personalidad parecen ser más comunes en los buenos directivos, cualquier tipo de personalidad puede pertenecer a uno de ellos, y ninguna característica impide una buena gestión. Todos conocemos al directivo reservado, introspectivo o intelectual, aunque muy efectivo. Lo que hace bueno a un directivo, y que una persona crezca como tal, es más complicado que emparejar unos pocos rasgos. Aquellos que eligen convertirse en directivos pueden llegar a tener éxito independientemente de sus rasgos, manipulando las situaciones y seleccionando sus estilos para aprovechar al máximo sus fortalezas y restar énfasis a sus debilidades. Tan importante o más, cuando o antes de que se le ascienda a directivo, es buscar los conocimientos y formación necesarios para rendir bien. Muy a menudo se eleva a cargos directivos a muchos empleados mal preparados, solo por su formación y educación.

Por lo que se refiere a su análisis y al de sus empleados, un buen consejo final es que haga lo que se le dé mejor; así será también feliz. Intente mejorar sus mejores rasgos y hágalos bien patentes. Por supuesto, intente acrecentar todo lo que la gente pueda considerar deficiente, aunque resulte inútil intentar convertirse en alguien experto o competente en algo para lo que tiene poco talento natural. A menudo es mejor reducir al mínimo el daño haciéndolo innecesario en su trabajo o invisible en su comportamiento. ¡Analícese usted y luego resalte lo positivo!

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Categoría: Las Leyes no Escritas del Management.





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